La Barra / José Ignacio
La Barra y Faro José Ignacio - Fotos : Pablo Etchevers

as palabras ideales para describir a
La Barra y a
José Ignacio serían "casi mellizas". Si bien tienen características diferentes, estas dos pequeñas localidades por momentos nos remiten al mismo lugar cercano: a la famosa
Punta del Este.
La Barra se caracteriza por su estilo a la moda y por la importante gama de servicios que tiene para brindar al visitante, sobre todo durante la temporada de verano. Se encuentra a solo 20 kilómetros de la península de Punta del Este y originalmente fue un pueblo de pescadores con algunas casas de verano pertenecientes a familias aristocráticas que preferían alejarse del bullicio.
La forma más fácil de llegar La Barra es por medio de vehículos propios desde la ciudad de Punta del Este, pero también existen ómnibus locales que hacen el trayecto y que incluso llegan hasta José Ignacio.
Apacible y exclusiva a la vez, La Barra se encuentra comunicada con la ciudad de Punta del Este a través de un famoso puente ondulado y colgante que con solo cruzarlo nos transporta a una variedad de playas hermosas y paradores de moda, cada uno con sus códigos propios y habitúes.
Por la noche, los jóvenes se divierten en los numerosos boliches, bares y pubs que ofrecen sus mejores tragos y cervezas sobre la transitada calle principal. Cuando salen la luna o las estrellas es el momento en que el centro de La Barra se convierte en punto de encuentro de celebridades del mundo de la moda y del espectáculo.
A 40 kilómetros de la península de Punta del Este, sobre el kilómetro 182 de la ruta nacional 10, se encuentra el balneario de
José Ignacio, un sitio paradisíaco que con su famoso faro invita a desconectarse del mundo exterior a través de un slogan que hizo famosas a estas playas: “Aquí sólo corre el viento”.
Silenciosas y apacibles, las playas de José Ignacio ganan tranquilidad y armonía y, al igual que en Punta del Este, existe una playa denominada Brava y otra llamada Mansa, aunque en ambas es posible disfrutar de atardeceres sencillamente mágicos que se presentan como el escenario perfecto con los barquitos de pescadores.